‘Past Lives’, ¿oda a la nostalgia o pura realidad?

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14–21 minutos

Me he sentado a ver por quinta vez una de mis películas favoritas de los dos últimos años: Past Lives (Vidas Pasadas). El objetivo no es dejar que me conmocione hasta la médula de nuevo, sino analizar lo que se esconde tras sus escenas más románticas, emotivas y nostálgicas. Porque todos hemos sido Nora alguna vez, a caballo entre pasado y presente.

Muchos de nosotros hemos cruzado océanos por amor, como Hae Sung. Y todo aquel que haya vivido una relación sana, sabe qué se siente al ser un apoyo incondicional para su pareja, incluso cuando el problema evoca sentimientos pasados. Porque sí, todos hemos tenido vidas pasadas, pero el objetivo no es quedarse estancados en ellas. Y ese es el mensaje que más me gusta de este drama romántico, obra de la directora coreana-estadounidense Celine Song. Alerta: a continuación te encontrarás spoilers. 

 Past Lives (© A24)

SINOPSIS DE LA PELÍCULA

Nora y Hae Sung, dos amigos de la infancia con una fuerte conexión, se separan cuando la familia de Nora emigra desde Corea del Sur. Dos décadas más tarde se reencontrarán en Nueva York durante una semana que les enfrentará al amor, el destino y a las elecciones que componen una vida. La película puede presumir de dos nominaciones a los Óscar (Mejor Película y Mejor Guion Original) y trata temas como el desarraigo, la nostalgia, los reencuentros, el amor maduro y el querer inocente, ese que, aunque a veces no crece, no se termina de apagar.  

LOS MENSAJES 

1. ¿QUÍMICA O CARIÑO? En la primera escena vemos a los tres protagonistas, Na Young (Nora), Hae Sung y Arthur. Les observamos a través de la mirada de dos desconocidos en un bar que intentar descifrar la conexión entre ellos. Concluyendo que los dos personajes coreanos son pareja y el estadounidense su guía turístico. Aunque carece de sentido dado que son las cuatro de la mañana en la barra de una coctelería. 

La realidad dista bastante de esa conclusión y me invita a preguntarme lo siguiente: ¿la química entre dos personas que han compartido sentimientos se percibe desde fuera? ¿Dura para siempre o tiene fecha de caducidad? Creo que, en el caso de saber cuidar una relación importante, el cariño dura para siempre. La química no. A veces confundimos este último concepto con una mera atracción física, que es más superficial e incontrolable.

Past Lives (© A24)

CIERRES SIN CIERRE. 24 años antes, en Corea, Na Young (Nora) y su amigo del colegio, Hae Sung, se enamoran mientras ella rehuye su futura realidad: se irá del país y no se lo contará a Hae Sung hasta dado el momento de partir, rompiendo su inocente amistad. La emigración es el hilo conductor de esta película y nos fuerza a plantearnos qué pasa cuando se interpone un muro físico en una relación: ¿las historias inacabadas, los conflictos sin resolver, se quedan anclados en el alma para siempre?

Ninguno de los dos sabe despedirse en condiciones y, aunque son niños, esto se refleja en muchas situaciones la vida adulta: a veces preferimos huir, que nos fuercen a irnos o que pase algo grave que nos dé la fuerza suficiente para no tener que pasar por el dolor de una despedida. Así se despiden por última vez: con un frío y triste adiós sin respuesta. 

EL HILO ROJO, ¿SÍ O NO? Nora se está mudando a Nueva York y ese atardecer desde la ventanilla del taxi es casi profético: le espera toda una nueva etapa por delante, cargada de emociones y nuevas aventuras. No hay sensación más emocionante que saber que tienes ante ti un descomunal abanico de posibilidades. Lo que no se esperaba era el viaje al pasado que le aguardaba el futuro en Manhattan. 

Mientras que hay muchos seguidores de la teoría del hilo rojo –ese que conecta a dos personas que están destinadas a encontrarse–, yo quiero creer que cuando te encuentras a esa persona que te dejó marcado –tan solo por un final incompleto–, no se debe tanto a un futuro juntos, sino que invita al cierre de una etapa. Te ayuda a cerciorarte de que estás en el camino correcto, con la persona acertada (o en soledad), parando esa nostalgia que tienda a confundirnos. El destino está ahí, qué hacer con él es elección propia. 

Past Lives (© A24)

IDEALIZAR LAS RELACIONES. Hae Sung había tratado contactar a Nora por Facebook en numerosas ocasiones, pero ella no se da cuenta hasta años después, cuando decirle contactarle de vuelta. ¿Pensó en él durante todos esos años o es la persona que se queda la que siempre tiende a romantizar lo que se fue? Es fácil dejarse llevar por un quimérico enamoramiento, basado en un recuerdo o en conversaciones a través de una pantalla, pero Nora termina eligiendo el presente, el in situ, sabiendo que ni Hae Sung ni ella podrán encontrarse en el mismo destino pronto. Dejar de hablar es la decisión más consciente.

Durante la juventud, me parece romántica y necesaria la experiencia de hablar con alguien durante horas, aunque sea por FaceTime. Crea un vínculo, una ilusión, tan real como idealizada que nos enseña muchas lecciones. No por ello tiene que trascender lo que es: una dulce locura transitoria. Para saber si estás realmente enamorada de alguien, debes superar la fase de luna de miel y realmente convivir con todas las versiones de esa persona. Y elegirlas a todas ellas, claro. 

IN-YUN (PROVIDENCIA). Mi escena favorita sucede cuando Nora conoce a Arthur en la bucólica residencia para artistas a la que acude. Mientras que Hae Sung fantasea con escribir a Nora desde Corea, movido por un torrente de emociones previo a su viaje a China, ella está a punto de conocer al que será su futuro marido. Antes de besarse por primera vez, Nora le explica a Arthur bajo las estrellas lo siguiente: 

“Hay una palabra en coreano: In-Yun. Significa ‘providencia’ —o más bien… destino—, pero se usa especialmente para hablar de las relaciones entre las personas. Creo que procede del budismo y de la reencarnación. Es un In-Yun cuando dos extraños se cruzan por la calle y sus ropas se rozan, porque implica que algo sucedió entre ellos en vidas pasadas. Cuando dos personas se casan, decimos que es porque ya han atravesado más de 8.000 capas de In-Yun anteriormente, en más de 8.000 vidas”. 

“¿Tú crees en eso?”, dice Arthur. “¿En qué?”, responde Nora. “En que nos hemos conocido en una vida pasada”. Ella le retrata la situación: estamos aquí, en el mismo sitio, en la misma mesa, en la misma ciudad, en el mismo momento. Y sin embargo, Nora niega creer en los lazos del destino. En mi opinión, en ocasiones, abusamos de el destino como justificación (o salvación) de los sucesos que no logramos explicar. Aún así, se besan, y lo hacen porque quieren, no porque esté escrito en las estrellas…

La vida transcurre tranquila para el matrimonio, el de Arthur y Nora. A priori, tienen la vida neoyorquina perfecta, una relación tranquila y sincera. Mientras pasean por la calle, Nora le cuenta a Arthur que Hae Sung va a viajar a Nueva York en una semana –como ya le había comentado hace tiempo– y quiere reencontrarse con ella. Arthur, sin malas intenciones, afirma que cree que él sigue enamorado de ella. Nora desmonta esa idea. Pasa el tiempo y Hae Sung aterriza en Manhattan. Llueve a jarros. Para mí las condiciones meteorológicas acompañan a las emociones que llevamos por dentro, por lo que esa escena es una epifanía del desenlace de la historia. 

Past Lives (© A24)

EL SILENCIO DICE MÁS QUE MIL PALABRAS. La última vez que Nora y Hae Sung se vieron en Corea (al menos, siendo felices), fue en la cita que sus madres planearon en un parque, donde ambos niños corrieron y jugaron a sus anchas. De hecho, hay un fugaz flashback a ese instante. Ahora, más de 20 años después, Hae Sung espera a Nora en un parque de la Gran Manzana con la misma inocencia que antaño. Se saludan en un abrazo incómodo, cargado de significado y más largo de lo habitual, en compensación a los años de ausencia. Nora intentó ver en Corea a Hae Sung antes de su matrimonio, cuando fue con su marido de visita. Le escribió un correo a Hae Sung para avisarle, pero no obtuvo respuesta. Él le pide perdón y le cuenta que ha roto con su novia, que no estaba preparado para el matrimonio. Todo esto ocurre mientras pasean a orillas del río Hudson. Bucólico y revelador. Los silencios hablan por sí solos: Hae Sung tuvo la oportunidad de ver a Nora antes y decidió responder a esa invitación con la ausencia de palabras. 

EL MATRIMONIO ES ESFUERZO. Nora declara que el matrimonio es difícil, en especial para la gente idealista como Hae Sung. Cuenta, sin filtros o preocupación alguna, que su marido y ella discuten habitualmente, pero no con connotaciones negativas, sino como una realidad de la vida en pareja. Habría que contar las dificultades que surgen de la convivencia con más naturalidad, ya que son una parte muy real de una relación estable y larga. Supongo que el matrimonio es esfuerzo, el esfuerzo de salir de la zona de confort, el de intentar comprender al otro y el de dejar nuestro ego a un lado.

Past Lives (© A24)

LA IDEALIZACIÓN ES PARTE DE LA JUVENTUD. Hae Sung confiesa que necesitaba ver a Nora una última vez más, tras 12 años sin hablar. El motivo del viaje sí era ella. También confiesa que pensaba en ella cuando estaba en el servicio militar. Ella contesta que eran muy jóvenes por aquella época. Ya no lo son más. Para mí, ella revela indirectamente que ahora tienen que ser más realistas, que ya no pueden dejarse llevar por una idea que solo existe en su mente, como hacen las almas jóvenes e inexperimentadas. 

EL MATRIMONIO COMO ESPACIO SEGURO. Nora llega a casa y le cuenta su marido que tenía razón, que Hae Sung ha venido a Nueva York para verla. Lo que más me cautiva de esa simple escena es que su marido escucha sin reaccionar de más y sin juzgar, ella siente que es un espacio seguro para contarle cómo de coreano es Hae Sung y cómo, de alguna forma, ella también se siente coreana a su lado. “¿Es atractivo?”, pregunta Arthur. Primer momento en el que vemos asomar un atisbo de inseguridad por su parte. Nora no duda en responder afirmativamente, añadiendo que es muy masculino y atractivo en un estilo muy coreano. 

El mensaje que aquí se transmite es que, en ocasiones, echamos de menos nuestras raíces, quiénes éramos cuando conocimos a esa persona en cuestión, más que la propia relación en sí. “¿Te atrae?”, lanza al aire Arthur. “Creo que no. No sé. Creo que no”, responde Nora. Diría que es el primer momento de tensión entre ambos. Ella confiesa que, en su mente, Hae Sung ha pasado de ser un niño, a una imagen en su pantalla, a una persona real. No es atracción, sino que le echaba de menos. Echaba de menos a esa versión de sí misma que dejó en Corea. Aún así, Arthur quiere saber cuándo se va Hae Sung de Nueva York. Una pregunta legítima y directa. Tanto Arthur como Nora se hablan con respeto y sin trabas durante esta conversación, cargada de madurez y sinceridad. 

 Past Lives (© A24)

LIBERTAD COMO BASE. Una dosis de inteligencia emocional en escena: Nora le pregunta si está enfadado con ella. Arthur le dice que no tiene razones para estar enfadado. Ella, sin embargo, valida sus sentimientos: sí puedes. Él también asume que no le puede prohibir ver a Hae Sung y que espera que no salga corriendo con él. Todo ello sabiendo que no puede controlar la situación. 

Nora bromea con el hecho de que va a tirar su vida por la borda y va a huir con Hae Sung, seguido de un interrogante importante: “¿No me conoces?”. Arthur se ríe y contesta: “Te conozco”. La confianza en tu pareja tiene que ser lo suficientemente fuerte para que los agentes externos no supongan el fin de tu relación si no es lo que anhelas. No hay que tener miedo a exponerse, tú tienes el control de tus decisiones. Un mensaje potente que abandera la libertad como uno de los grandes cimientos de una relación sana. 

LOS SENTIMIENTOS SON UNA MONTAÑA RUSA. Una vez en la cama, empiezan a hablar de lo que está pasando con Hae Sung. Arthur dice que de ser una historia ficticia, él sería el villano, el marido blanco americano que se interpone en el destino de ambos. Nora y Arthur se ríen, quitándole hierro a la situación. Él plantea qué hubiera pasado si en vez de encontrarse él en la residencia para artistas, hubiera sido otro chico de Nueva York con atributos de personalidad parecidos a los suyos. “Así no funciona la vida”, responde cortante Nora.

“Esta es mi vida y la estoy viviendo contigo. Este lugar es donde he acabado, es donde debo estar”. Arthur dice: “Tú haces mi vida mucho más grande, simplemente me pregunto si yo supongo lo mismo para ti”. Siento que hay relaciones donde uno de los miembros de la pareja expone más sus sentimientos, muestra más afecto o, incluso, parece estar más enamorado. El amor no es una carrera, no es imperturbable y no pasa absolutamente nada. El amor muta, tiene altibajos, desniveles… Pero siempre que la pareja se quiera, es duradero y tiende a equilibrarse de nuevo. Puedes tener dudas, sentimientos encontrados, días malos: eso significa que estás viva. 

Past Lives (© A24)

LA BARRERA CULTURAL COMO INSEGURIDAD. Arthur le confiesa a Nora que habla coreano cuando sueña. Ella se sorprende y pregunta si eso es cierto, a lo que él responde que sí, que siempre sueña en coreano. Arthur admite que lo encontraba tierno, pero que, a veces, le asustaba un poco. Cuando Nora quiso saber por qué, él explicó que soñaba en un idioma que apenas entendía, como si existiera un gran espacio dentro de ella al que él no podía llegar. Desolador y real: la barrera cultural, en ocasiones, nos hace sentir que no terminamos de sumergirnos en el mundo interior de la persona que tenemos en frente. Y ese muro levantado por la maldita incertidumbre, querido Arthur, duele. 

DUDAR NO ES UN PECADO. Al día siguiente, Nora va con Hae Sung a ver la Estatua de la Libertad desde el famoso ferry turístico. Ella es más consciente de la situación entre ellos, mostrándose sutilmente incómoda con sus propios sentimientos. De hecho, le confiesa (inocentemente) que se casaron por la residencia estadounidense de ella –que vivía con su familia en Canadá– mientras le enseña las fotos de su boda. Para mí, esa escena aflora la parte más humana de Nora: hay una parte de ella que sí duda, que quiere dejar una pequeña puerta abierta. A continuación se disponen hacia la casa de Nora, donde conocerá a Arthur por primera vez. 

NO DEBEMOS COMPARAR RELACIONES. Ambos se presentar en el idioma del otro, tratando de ondear una bandera blanca entre ellos. Los tres se dirigen a un restaurante italiano y Arthur pregunta qué han hecho hoy. Ellos cuentan que coger el ferry e ir a la Estatua de la Libertad. Arthur dice que nunca ha estado antes ahí. Nora se sorprende y reacciona afirmando que creía que habían ido juntos. Se crea el primer silencio incómodo en el que pensé que, probablemente, Nora se plantea si haber vivido una primera vez de su marido con otro hombre es una posible “deslealtad”. 

No, no lo es. Viviremos historias diferentes con gente opuesta y eso no significa que una relación tenga más valor que otra. El poder de una relación no se mide en la calidad o exclusividad de las experiencias. Un paseo por el parque con la persona que adoras puede ser el mejor día de tu vida. Mientras que una cena en un restaurante Michelin con el acompañante inadecuado puede tornarse en tu peor pesadilla. 

UNA RELACIÓN NO FUNCIONA CUANDO SE RIGE POR EL EGO. Después de cenar, van a un bar a tomar el cóctel. He aquí la primera escena de la película. Se ponen al día de sus vidas, con Nora como traductora. Las miradas entre Hae Sung y Nora hablan por sí solas, están tan metidos en su propio universo que empiezan a hablar en coreano, olvidándose completamente de Arthur. Él no se levanta y se va, porque el entendimiento por su pareja, su empatía, es mayor que su ego.  

Hae Sung dice que se alegra de que Nora haya emigrado y de poder verla ahora. También de conocer a su marido, quien cree que la ama de verdad. Aunque tiene aprecio a su marido, Hae Sung confiesa que la situación actual es dolorosa, que cuando dejaron de hablar, la echó mucho de menos. Hae Sung expresa que, dado el contexto, se plantea qué hubiera pasado si en vez de venir a Nueva York ahora, hubiera ido hace 12 años. O, incluso, qué hubiera pasado si ella nunca se hubiera ido de Seúl: ¿estarían casados? ¿Separados? ¿Con hijos?  Es irrembediable caer en el “y si…”, pero la realidad es una: el presente. 

Past Lives (© A24)

Nora dice que la niña que él recuerda ha existido, pero ya no está aquí. Ahora existe la Nora que tiene delante y, aunque cree que han vivido algo en vidas anteriores, no son el In-Yun del otro en esta. ¿La razón? Están en la misma ciudad por primera vez en veinte años y ella está con su marido. Hae Sung coincide con dicha explicación. A continuación, fantasean con qué fueron en vidas pasadas. Me gusta el mensaje que transmite esta escena: puedes intentar justificar (con el destino como excusa) una ruptura impulsiva, una vuelta a una relación que ya murió, una huida del presente… Pero esa sería la vía más fácil de autosabotaje. Frente a esa idea, los protagonistas deciden sobreponer la realidad a la quimera que supone hablar del “destino”. 

NO TIENES QUE ODIAR A LAS NUEVAS PAREJAS DE LA PERSONA QUE AMAS. Arthur firma y paga la cuenta mientras Nora está en el baño. Ay, lo que se hace por amor…  Hae Sung le pide perdón a Arthur por hablar tanto en coreano con Nora. Él le responde que está bien, que hace tiempo que no se veían. También confiesa que nunca creyó que sería parte de un momento tan surrealista como este. Hae Sung le pregunta si sabe lo que es In-Yun y le dice que ellos dos, Arthur y él, también comparten In-Yun. Esta escena es una lección sobre respeto y amabilidad hacia la persona que ocupa el lugar que te gustaría protagonizar: el de la actual pareja de la persona que algún día amaste. Al fin y al cabo, si sigues guardando cariño hacia ella, deberías apreciar que alguien nuevo (y con buenas intenciones) la cuide y la quiera. 

 Past Lives (© A24)

LA REALIDAD NO SIEMPRE TIENE UN DULCE FINAL. La gran escena final es rompedora y reveladora: Nora acompaña a Hae Sung a la puerta del apartamento para coger el Uber al aeropuerto. Arthur espera dentro. Probablemente le estén comiendo las dudas, pero respeta el espacio que necesita su pareja en esta despedida. Hae Sung y Nora caminan en silencio y, contra todo pronóstico, se despiden sin beso. No hay beso, en esa espera de diez minutos solo cabe el silencio, miradas de cariño y un gran respeto hacia sus vidas presentes. Hae Sung plantea un último interrogante: ¿serán algo en una vida futura? Ambos desconocen la respuesta. Él se va y Nora estalla en lágrimas. Pero no está sola: su marido está ahí para arroparla y ese amor incondicional es el que de verdad importa.

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