Si quieres recorrer la ciudad como un auténtico carioca, tienes que plantarte unas Havaianas. Contra todo pronóstico, patear la ciudad en chanclas (aunque no es para todo el mundo), es más cómodo de lo que parece. Hace un año hice realidad uno de los viajes que más veces había fantaseado: diez días en Río de Janeiro.
Con mi mejor amiga y sí, sin movernos de la urbe, porque me gusta disfrutar los destinos a fuego lento. Nuestra primera impresión fue: “Río es todos los tópicos que te imaginas, es todas las postales de Ipanema que has visto en Instagram y, sin embargo, tiene la capacidad de impresionarte como si jamás hubieras sabido de su existencia”. Ahí está la magia.
Me dispongo a contarte qué hicimos, dónde comimos y dónde nos alojamos durante nuestra ruta. Con suerte, esta guía puede servir de fuente de inspiración para la tuya.

MEDIDAS DE SEGURIDAD
Para alojarte, te recomiendo: Santa Teresa, Botafogo, Leblon, Ipanema y Copacabana. Hay quien asegura que el resto de barrios no son tan seguros. La verdad es que nosotras no experimentamos en ningún momento sensación de peligro, pero es cierto que tomamos las precauciones que amigos locales nos habían dado: coger Uber frente a taxis (así el recorrido queda registrado y también evitas posibles estafas por parte de falsos taxis), cautela en la playa (los cariocas se cuidan las cosas unos a otros; aún así, evita llevar enseres de valor), no hagas alarde de objetos caros y evita caminar por zonas solitarias, especialmente cuando cae el sol.
En nuestro caso, no caminamos de noche más que por zonas muy turísticas e iluminadas, véase el paseo de Copacabana o la calle principal de Botafogo. Mas allá de eso, siempre volvimos al hotel en Uber. En cuanto al transporte público, el metro de Río es cómodo y eficiente. En cualquier caso, es importante andarse con ojo, como en cualquier gran ciudad.

Bonus track: volví con dengue y fue probablemente la peor experiencia de mi vida. Fiebre que no bajaba de los 38ºC, picores en lugares peculiares –como orejas y plantas de los pies–, bajada de glóbulos blancos –tenían que controlarme la sangre cada día–, hemorragias, ausencia de apetito, dolor muscular y un cansancio extremo fueron los síntomas de mi tortura, que duró más de una semana. Mi amiga también cayó.
El virus se propaga a través de la picadura de un mosquito tigre, que actúa como transmisor. Te recomiendo consultar la posibilidad de vacunarte antes del viaje y no subestimar el poder de un buen repelente de mosquitos. Contratar un seguro de viaje por si acaso tuvieras que visitar un hospital durante la travesía también puede ser muy útil.
¿QUÉ BARRIOS VISITAR?
CENTRO. Empezamos el recorrido por el distrito Centro, la zona histórica de la ciudad. Allí encontrarás la Catedral Metropolitana de São Sebastião, la icónica Praça Quinze de Novembro, el Teatro Municipal, el majestuoso Real Gabinete Português de Leitura y tres espectaculares templos del arte: el Museu do Amanhã (para los amantes de la ciencia), el Museo de Arte Moderno o el Museo de Arte de Río. Este último me conquistó con una exposición dedicada a artistas afrodescendientes. Estoy segura de que la muestra que esté vigente durante tu viaje, no te defraudará, pues el edificio también es increíble.
¿Te gusta bailar y quieres sumergirte en el ambiente nocturno carioca? Los lunes por la noche deberías estar en Pedra do Sal, también conocido como la cuna de la samba. Probablemente, la fiesta callejera más divertida del mundo.
SANTA TERESA. Fue mi primer contacto con la ciudad y no defraudó. Este barrio es puro arte. Ubicado en una colina de la ciudad, goza de su propia atmósfera y unas vistas increíbles de Río. Arquitectura colonial (que no podrás dejar de fotografiar) y bares clásicos, así como también alternativos, conforman la vida social. Puedes llegar hasta a él en bondinho, el histórico tranvía amarillo. También es preciso mencionar que aquí encontrarás la colorida Escalera de Selarón, una de esas postales icónicas de la ciudad. La escalinata es obra del artista chileno Jorge Selarón, al que se encontró fallecido in situ. Una misteriosa tragedia.

IPANEMA. Su belleza rima con la bossa nova más famosa de la historia: ‘Garota de Ipanema’. Nos sorprendió la estampa casi tanto como la tendencia de los cariocas a practicar deporte en la playa, sin importar la hora del día. ¿El plan? Alquilar una silla con sombrilla –es barato, unos 3€ por día– y dejar que el sol tiña el cielo de diferentes colores. Cerveza en mano, claro, pues no dejarán de ofrecerte bebida en el kiosco de turno.
En cuanto a la comida, encontrarás puestos playeros –prueba el bocadillo de carne a la brasa de Barraca do Uruguay–, pero también serán recurrentes los vendedores ambulantes con: agua de coco, sorbetes, brochetas, Biscoito Globo (galleta de tapioca que se ha proclamado como un emblema de la ciudad), mate, queijo coalho… También tendrás la oportunidad de comprarte un bikini minúsculo, un pareo con la bandera de Brasil, una camiseta que rece el nombre de la ciudad y otros tentadores accesorios. Además, hay puestos en el paseo y una feria hippie los domingos.
Las vistas desde Ipanema son al Morro Dois Irmãos, por lo que los atardeceres son un espectáculo sin importar donde plantes los pies en la arena, aunque merece la pena acercarse a Arpoador. Calles verdes, boutiques (haz una parada en la de Havaianas, merece la pena), restaurantes de todo tipo y la belleza de la Lagoa Rodrigo de Freitas, son las razones para perderse por las calles del barrio.

LEBLON. Es el barrio más elegante de Río. No tiene gran cosa que hacer, pero pasearlo es pura paz. Nosotras escapamos de las altas temperaturas en su centro comercial: Shopping Leblon. Si lo tuyo es caminar por la naturaleza, aquí también se accede al Parque Municipal do Penhasco Dois Irmãos, con numerosos senderos. Hay gente que comienza la caminata al Morro Dois Irmãos a las cuatro de la mañana para contemplar el amanecer desde la cima. Si volviera (que volveré), hacerlo sería una prioridad.
COPACABANA. A un suspiro de Ipanema, por el lado de la costa opuesto a Leblon, se encuentran la famosa playa de Copacabana y su barrio homónimo. Pasear por su paseo marítimo, plagado de kioscos, es indispensable. Me gustó mucho, aún así me quedo con Ipanema. Creo que si visitara de nuevo la ciudad, lo haría en Año Nuevo, cuando todo el mundo se concentra en el arenal de Copacabana vestido de blanco para sumergirse en el mar a las 00:00h. Ver cómo los fuegos artificiales iluminan la playa debe ser un espectáculo digno de presenciar.

BOTAFOGO. El barrio cuenta con un par de museos interesantes y una playa con vistas a Pão de Açúcar, sin embargo, te recomendamos pasarte por aquí para disfrutar de su vida nocturna. Sus bares y restaurantes reciben mareas de gente que se prolongan hasta la acera. Es, sin duda, la zona más cool de Río.
DIRECCIONES EXTRA: Visita el Parque Lage (ojo a la estampa del Cristo Redentor desde aquí) y el Jardín Botánico. Aunque son focos del turismo, no se puede negar su atractivo. En lo alto de Corcovado, te espera el transitado Cristo Redentor. Desde Praia Vermelha, coge un teleférico hasta Pão de Açúcar. Fue mi experiencia favorita: en la cima había un DJ, mucho ambiente, unas vistas de infarto de la Bahía de Guanabara y una inesperada boutique de Havaianas (sí, hay una en cada esquina). El momento del día para ascender: el atardecer. No hay dudas al respecto.

¿CUÁLES SON LAS MEJORES PLAYAS?
El atractivo de las playas cariocas es superlativo. Especialmente, durante el verano: de diciembre a marzo el sol se pone sobre Ipanema, Copacabana y Leblon, la foto más deseada. En cuanto al clima, las temperaturas oscilan entre los 28º y 35ºC. Además, el carnaval también se celebra época estiva y, debido a este evento, las playas se llenan de música y eventos.
Eso sí: no importa la estación (te lo dice alguien que aterrizó en la ciudad en mayo), Río de Janeiro enamora con sus arenales todo el año. ¿Mi favorita? Sin duda alguna Ipanema. Cuanto más cerca de Leblon, más tranquila. Para esos días en los que estábamos más fiesteras, Rasta Beach, una sección de playa con kiosco en Leme, es todo lo que necesitas. Por aquí las mejores playas de Río:
- Ipanema: el clásico carioca, arena dorada, ambiente vibrante y atardeceres mágicos frente al Morro Dois Irmãos.
- Leblon: extensión tranquila y sofisticada junto a Ipanema, ideal para familias y vistas relajadas.
- Praia Vermelha: al pie del Pão de Açúcar, paisaje mágico y aguas a menudo calmadas.
- Copacabana: emblemática playa de 4 km, ideal para tomar el sol, deportes en la arena y paseo con kioscos.
- Praia do Leme: continuación de Copacabana, más tranquila y frecuentada por locales.
- Barra da Tijuca: la más extensa (14–18 km), con aguas cristalinas, ideal para surf y deportes acuáticos.
- Praia do Recreio: al oeste, con olas fuertes, entorno natural y ambiente surfero relajado.
- Praia da Reserva: tranquila, protegida por la reserva de Marapendi, arena suave y aguas claras.
- Prainha: pequeña joya de menos de 1 km, perfecta para surfistas y paisaje casi virgen.
- Praia do Grumari: entorno salvaje y virgen, pocos edificios, naturaleza intacta y calma total.

¿DÓNDE COMER Y TOMAR ALGO?
Para los que no me conocen, comer es una de mis actividades favoritas. En tan solo una semana y algo, me dio tiempo a probar lugares fascinantes en Río. Otras direcciones son recomendaciones que guardé y no tuve el gusto de probar, pero ojalá tú puedas. Si quieres saber en qué consiste cada propuesta gastronómica, puedes leer mi artículo en Condé Nast Traveler (donde me meto en la cazuela con más ahínco).
De todas formas, te revelo mis cuatro favoritos (en función del plan): para desayunar, SO_Lo Café, una deliciosa cafetería de especialidad con opciones veganas en Ipanema; para comer, me encantó el pescadito frito de Bar do Peixe, en Centro; para cenar, amé la experiencia en Bar do Mineiro, donde devoré platos tradicionales en pleno barrio de Santa Teresa; para tomar algo, Calma, en Botafogo, se lleva la palma por moderno y divertido: y, para terminar, guardaré siempre en mi corazón a Bip Bip, un diminuto local en Copacabana donde te sirves tu cerveza, bailas en la acera y disfrutas música en vivo (chorro, samba, bossa nova…) como en casa.

CAFÉS:
- SO_Lo Café (Rua Garcia d’Avila, 147 – loja b, Ipanema)
- Dainer (Rua Real Grandeza, 193, Botafogo)
- Confeitaria Colombo (Rua Gonçalves Dias, 32, Centro)
- Cafe Ao Leu (Rua Almirante Gonçalves, 50 -Loja L, Copacabana)
BARES Y RESTAURANTES:
- Bip Bip (R. Alm. Gonçalves, 50 -Loja D, Copacabana)
- Pavão Azul (Rua Hilário de Gouveia, 71, Copacabana)
- Bar do David (Rua Barata Ribeiro, 7, Copacabana)
- Galeto Sat’s (Varias localizaciones)
- Nosso (Rua Maria Quitéria, 91, Ipanema)
- Barraca do Uruguai (Posto 9, Praia de Ipanema)
- Katz-sü (Rua Von Martius, 325 -Loja F, Jardim Botânico)
- Bar do Peixe (Rua André Cavalcanti, 16-B, Lapa)
- Labuta Bar (Avenida Gomes Freire, 256, Centro)
- Cafe do Alto (Rua Paschoal Carlos Magno, 143, Santa Teresa)
- Bar do Serginho (Rua Dias de Barros, 2-A, Santa Teresa)
- Bar do Mineiro (Rua Paschoal Carlos Magno, 99, Santa Teresa)
- Simplesmente Bar (Rua Paschoal Carlos Magno, 115, Santa Teresa)
- Novooeste Bar (Rua Paschoal Carlos Magno, 90, Santa Teresa)
- AGÔ – Bar da Encruza (Rua Áurea, 30 – Santa Teresa)
- Chanchada Bar (Rua General Polidoro, 164 B, Botafogo)
- Calma (Rua Arnaldo Quintela, 51 – Botafogo)
- Canastra Rose (Rua Álvaro Ramos, 154, Botafogo)
- Quartinho Bar (Rua Arnaldo Quintela, 124, Botafogo)

¿DÓNDE DORMIR?
Aunque, debido mi trabajo, tuve la suerte de alojarme en un par de hoteles que quizá se escapan un poco de presupuesto (como el icónico Copacabana Palace o Janeiro Hotel), recomiendo encarecidamente, a quien pueda y quiera, reservar en Chez Georges, mi predilecto.
Este coqueto y casi clandestino alojamiento, ubicado en Santa Teresa, es todo lo que buscas en una gran ciudad: silencio, diseño, fotogénicas vistas –no podrás parar de capturar la Bahía de Guanabara–, piscina, naturaleza y música apoderándose de cada rincón. ¿Por qué bautizaron a este alojamiento como Chez Georges?

Te lo explico a golpe de compás: George Benson, Jorge Ben, Giorgio Moroder, George Harrison, George Gershwin, Georges Brassens y Seu Jorge. Cada suite, donde la madera y el hormigón son los auténticos protagonistas, recibe el nombre de un músico. Puedes leer mi reseña completa aquí. Otra opción que me encantó y que además fue donde pasé mis dos primeras noches, fue el hostel Castelo dos Tucanos. Asequible y de una belleza arrebatadora.
Habitaciones compartidas y privadas, piscina, monos saltando por el jardín y una arquitectura sorprendente es lo que te espera en este castillo histórico (reconvertido en alojamiento) de Santa Teresa. Por otro lado, también reservamos un Airbnb en Ipanema, que, desgraciadamente, no puedo recomendar porque fue fatídico. Aún así, puedes encontrar buenas opciones en dicha app. Volveré con más recomendaciones, escrito queda.



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