Sade Adu

Sade para el amor y el desamor

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5–8 minutos

Eterna, etérea, especial. Helen Folasade Adu (1959, Ibadán, Nigeria), más conocida como Sade, es mucho más que la cantante británica más trascendental del último siglo, es una de esas personas con un aura tan mágica que hacen creer al resto de la humanidad que el arte es algo que brota sin artificios, esfuerzo y pretensiones. La música de Sade –aunque es una banda formada en 1983, hablo de la vocalista– desprende naturalidad, genuinidad y fluidez.

Sus inmaculadas canciones son además el mejor remedio para un corazón en sus plenas capacidades, para esos momentos en los que los latidos se sienten como un grito ahogado que llama a otra alma y no como una función vital.

Como si el bombeo tuviera como fin último amar y no la supervivencia del propio cuerpo. Ay, el amor. Sade encarna esa poderosa divinidad femenina que sabe poner en palabras sentimientos que trascienden lo carnal.

Recuerdo el momento exacto en el que tuve la revelación (¿todos sufrimos el despertar musical con los grandes artistas, no?): estaba de viaje con mi pareja, celebrando mis treinta en una de mis islas favoritas, Lanzarote, y volvíamos de una playa a la hora del atardecer. En ese pequeño road trip de colores rosados y olor a salitre, Sade saltó en el modo aleatorio y, siendo sincera, jamás se me hubiera ocurrido una banda sonora más acertada.

No todo es color de rosa, he de decir. Él cambió de canción a los segundos, sin malicia alguna, pero perder Cherish the Day entre la marea de canciones me dolió en el alma. Así fue como me di cuenta de cuál sería mi próxima obsesión musical. Entre ese verano en Canarias y un dulce invierno en México (“Coast to coast, LA to Chicago…”), se sumaron a nuestra colección de vinilos ‘Lovers Rock’, ‘Promise’ y ‘Diamond Life’.

Tras horas y horas de escucha, tras semanas desgranando hasta la última letra de cada álbum, me reafirmé en un hotel de Puerto Escondido de que mi amor por Sade no solo iba a ser de por vida, sino que también era compartido: “Nuestra cantante favorita”, decía con una sonrisa en la cara mi novio cada vez que sonaba uno de sus grandes éxitos en el restaurante.

No soy una de esas personas que comulgue con la idea del matrimonio, pero de dar el “sí, quiero” se me ocurren varios títulos que pondría en la playlist de la ceremonia. En el puesto número uno, sin duda alguna, el himno del amor por excelencia, Kiss of Life: «There must have been an angel by my side. Something heavenly led me to you. Look at the sky, it’s the colour of love».

De poder exponerse en un museo, su letra descansaría junto a El beso del artista francés Auguste Rodin. Por su parte, By Your Side tiene el ritmo perfecto para bailar agarrados, casi tanto como Your Love is King.

A veces fantaseo con qué himnos hubiera fantaseado de haber escuchado Sade en bucle durante la primera etapa de enamoramiento, la fantástica a la par que intensa fase “luna de miel”. He aquí mi podio: I Couldn’t Love You More, No Ordinary Love, Cherish the Day y The Sweetest Taboo.

Pero lo que más me gusta pensar (y lo que más rabia me da) es ser consciente del número de melodías, letras y silencios que me hubieran reconstruido el alma cuando más rota estaba.

No sé si es un mal común o tan solo un atributo propio de los nacidos bajo el signo cáncer, pero cuando te rompen el corazón, tienes una relación a distancia o te han sustituido por alguien en un abrir y cerrar de ojos, no hay nada que reconforte más que llorarlo todo al compás de una ristra de baladas. Si estás pasando por ello en este momento, procedería a reproducir esta lista: 

1. Is It a Crime. “Esto puede ser una sorpresa, pero te echo de menos. Pude ver a través de todas tus mentiras, pero todavía te echo de menos”, arranca. Potente desde el principio. Sí, Sade, echar de menos a tu ex o situasionship debería ser pecado, pero gracias por representar al colectivo de corazones rotos cuando más lo necesita. Prosigue: “Él elige su amor, pero no se siente como el mío. Él saborea su beso, sus besos no son vino, no son míos”. Segundo pecado capital, caer en la comparación. Gracias de nuevo Sade por gritar al mundo que esos sentimientos tan conflictivos son totalmente lícitos. Por último, como viajera empedernida que soy, me encanta que la inmensidad de su amor se defina en coordenadas: “My love is wider, wider than Victoria Lake. My love is taller, taller than the Empire State”. No necesita de traducción alguna, ¿verdad? 

2. Somebody Already Broke My Heart. Para las recaídas, para los momentos donde romper patrones es más que necesario, este estribillo es el mantra que deberías repetir: “Alguien ya rompió mi corazón. Si alguien tiene que perder, no quiero jugar. Alguien ya rompió mi corazón. No, no puedo ir allí de nuevo”. Amén, Sade. 

3. I Never Thought I’d See The Day. Un día nublado, con la mirada perdida, tratando de arreglar tu mundo en alguna cafetería bonita. Sabiendo que la solución no está en los posos del café, sino en ti, claro. Eso es lo que trasmite esta calmada canción, una oda al autoengaño, a la pérdida de ese amor convertido en refugio y al puro dolor. 

4. Bullet Proof Soul. «Estaba tan enamorada de ti, rara vez se ve un amor tan verdadero», confiesa un alma a prueba de balas. Tras numerosos desengaños sentimentales, Sade pregunta: “¿No era demasiado para ti?”. Efectivamente, “el amor es una pistola” y esta canción es el parche para todo aquel que ha salido herido. “Conozco el final antes de que se cuente la historia”, apunta la letra. ¿Quién no ha sentido alguna vez ese desaliento? 

5. King of Sorrow. El dolor de Sade aquí trasciende los géneros, es considerado el sentimiento de una diosa: “Estoy llorando las lágrimas de todos”. Esta obra de arte ha sido creada para cuando sientes que el universo no te da tregua, para cuando sientes que hay una red que atenta contra tu felicidad. Sade se plantea lo siguiente: «Supongo que podría marcharme, ¿decepcionaré a mi futuro si me quedo?». Quedarse o aguantar un poco más, ahí está el gran dilema del querer. 

Es difícil decantarse por una favorita y, probablemente, si me preguntan en un año, habré cambiado de opinión, pero ojalá haber sido yo la artífice de Like a Tattoo. Perfección de principio a fin. Lo que más me gusta de esta canción es que es como un trampantojo musical: parece una letra de amor y, sin embargo, habla de una conversación bélica en un bar.

Un veterano de guerra confesó a Sade sus vivencias, en especial una, que le cambió la vida para siempre. «Me habló de un dulce amor con dulces mentiras, cargadas con el peso de la verdad», dice. “La guerra se sigue dando dentro de mí. Aún siento el frío mientras te revelo mi vergüenza. La llevo puesta como un tatuaje”. Poderosa, potente y conmovedora a rabiar. 

No me gustaría romper este agridulce final, así que, a modo de despedida, cito a la reina del R&B: “No deberías tener miedo a irte. Mucha gente teme que si se van, si desaparecen por un tiempo, todo se derrumbará y, cuando vuelvan, no habrá sitio para ellos”.